Durante la Segunda Guerra Mundial su convento en Entally se convirtió en hospital y la hambruna se adueñó de Bengala. Los campesinos buscaron el refugio de Calcuta y cientos de miles de personas invadieron las calles de la ciudad. Las efemérides cuentan que murieron de hambre más de dos millones de personas. La lucha por la independencia que se sigue en la India, lleva a la ciudad una nueva oleada de refugiados provinientes del Pakistán Oriental. En este escenario surge, Agnes Bojaxhin (Skopje, Albania, 1910). Esta mujer, conocida años después en todo el mundo como La madre Teresa, se encuentra por primera vez casi con doscientos niños hambrientos a su cargo. Y aquel cuadro de necesidad es lo que la empuja –confiesa ella al autor de su biografía Navin Chawla–a dedicarse por entero a los más pobres. Y aquí, el mensaje no es político ni ocasional. Habla desde el sufrimiento y no pide a los demás nada de lo que ella no se haya desprendido con la más elevada y limpia de las generosidades.
“Sólo os pido una cosa: no os canséis de dar, pero no déis las sobras. Dad sin sentido. Hasta que os duela”.
Si a cualquiera de nosotros se nos cierra una puerta, que son muchas las que se nos cierran sin compasión al cabo de los años, enseguida buscamos la razón en el asunto material.
“Jamás he visto cerrárseme una puerta –confiesa ella–. Creo que eso ocurre porque ven que no vas a pedir, sino a dar”.Nosotros, por norma general, la gran mayoría de los mortales, vamos buscando algo, y de lo que encontremos depende nuestra reacción y disponibilidad. Ese código de la madre Teresa, que la empuja en plena juventud, a sus 32 años, a cambiar su hábito y su situación privilegiada, por el sari blanco con rayas azules y el hedor de las calles de Calcuta, es algo que no entendemos en los países desarrollados, porque, ayudar sí, pero, ¿dejarlo todo?, aprisionados como estamos por el terrible consumismo. Ella lo conocía bien y lo expresaba así:
“En los países desarrollados existe una pobreza íntima, una pobreza de los espíritus, de soledad, de falta de amor… No hay enfermedad mayor en el mundo que esa forma de pobreza”.
Para que su mensaje no se detenga, huyendo en todo momento de los protagonismos, acorralada por la miseria que se extiende como reguero de pólvora, tiende su abrazo a los leprosos y en un terreno prestado por la Sociedad de Ferrocarriles levanta un edificio para acogerlos. Aunque debe entender que no es bastante y hay una anécdota curiosa a este respecto. Durante su viaje apostólico en 1964, Pablo VI dona a la madre Teresa el Lincoln –un descapotable empleado para desplazarse por Bombay—. Ella lo acepta y lo rifa, sacándole varias veces su valor inicial y, de esa manera, a 300 kilómetros de Calcuta funda una ciudad autárquica reservada a los leprosos: “La Ciudad de la Paz”, donde en la actualidad las misioneras tienen bajo su cuidado a más de 17.000 enfermos.
También le nacen detractores, por llevar como única bandera a los más pobres. Un periodista la acusa de apoyar al dictador haitiano Duvalier, o por haber depositado en 1990 un ramo de flores sobre la tumba del déspota albanés Enver Hoxa o, en fin, por haber aceptado dinero de mafiosos estadounidenses o de controvertidos poderosos, como el magnate de la prensa Robert Maxwell. Su respuesta era sencilla:
“Todos los que sufren necesitan amor, no ideologías utópicas.”Y el 14 de septiembre de 1997, cuando Reyes y mendigos acudieron a despedirla al estadio de Netaji, en la sombra flotaba su mensaje. NO hemos de mirar hacia los lados. Todavía estamos a tiempo de meternos en la senda que hizo. “Ayer se fue. Mañana todavía no ha llegado. Sólo tenemos el hoy. Comencémoslo”.
De la sección Fin de Siglo, en diario Palentino, 08/12/1998



1 comentarios:
Voy a pasar por la vida una sola vez:por eso cualquier cosa buena que yo pueda hacer,o alguna amabilidad que pueda hacerle a algún ser humanop,debo hacerlo ahora,porque no pasaré de nuevo por aquí.
Teresa de Calcuta.
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